sábado, 8 de mayo de 2010

A los que viven felices

Tormentosos tiempos desprovistos de emociones
Cual canciones, largas y sin nuevos acordes,
Lanzan a la vida una tonada de donde
Los más lánguidos viajeros dan sus razones.

Y mientras improviso una pálida taza azul,
Con un profundo negro que consume y refleja
El café despierta así como nos aleja,
Salvando prisioneros eternos que moran en aquel baúl.

Más todas las ideas que formaron parte del aislamiento,
Quedaron amarradas en esas viejas maderas,
Donde siempre bajo llave en la trágica espera
De aquel guerrero que muere de miedo sin arrepentimiento.

Es por eso que escribo a aquellos que siguen corriendo,
Que no miren atrás con la esperanza,
Y que no vean al futuro con alabanzas,
Pues muertos pasamos a ser solo parte de un cuento.

Por eso vivan solo por esta vida que no se recupera,
Que al plantarle frente al futuro teman y lloren,
Que al mirar atrás griten mientras corren
Al darse cuenta que la muerte muy cerca espera.

Más aun les digo que de esperanzas nadie vive ni conforma,
Nadie cambia nada ni mejora,
Nadie dice nada, solo ora,
Nadie escribiría este poema y menos de esta forma.

domingo, 4 de abril de 2010

Luchando por Fe

Me levante en medio de un ensordecedor ruido
Donde dormía junto a un fusil,
Y a mi lado la muerte sutil
De mi madre desangrada que se había ido.

Me levante llorando por mi propio dolor,
El cadáver ya no importaba,
Mas sí mi pierna que aun torturaba,
Por la bala que disparó mi madre por amor.

Ya las lágrimas solo eran excusas para no salir,
Para no asomar la cabeza,
Ver lo que por religión reza,
Por lo que mi religión mata para intentar vivir.

Más tomo el fusil con miedo a la puerta,
Pues una vez que esté abierta,
Toda humanidad no es cierta,
Si una persona veo tendrá que estar muerta.

Salgo lento, pero acelerando con el paso,
Pero mi mente atrás queda,
Que mas ya no recuerda,
Otra forma de vivir esperando el ocaso.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Testimonios de una burda conciencia

Tras ver en una noche donde el suelo se encrespaba como flamas, desatando el caos hasta donde pudiese ver o posar mi mirada, me recosté sin nada que hacer, sin nada en que pensar. Todo había pasado, nada seguía en pie, porque lo que allí delante mío estaba parado, no era sino la inconsistencia de mi propio mundo creado por el desorden mismo de mis deseos he instintos, mas yo aun seguí con ganas de agarrar al cielo y postrarlo bajo mi mirada, y ver retorcerse su omnipotencia a mi grandeza inconsciente de su trastocado estado emocional. Mas no me levante, nada hice para convertir cuan loca idea paso por mi cabeza, deliré una y otra vez recostado, atestado de ver pasar por mi mente tan delirantes ocurrencias, y cuanto mas me esmerara en descartarlas, mas reaparecían sus secuelas en mi propia enajenación.

La impotencia se apoderaba cada vez más de aquello que pareciera un sentimiento de libertad, de esas alas con ansias de despegar, enrolladas y encadenadas a frías e imponentes paredes que ni la tierra pudo remover para dejarme volar. Culpé a la tierra, luego al cielo, al viento, la brisa, a la inocente ventana que solo procuraba la leve iluminación proveniente de una noche, de una ciudad, y de luces que a la luna rendían culto y canto. Luego culpé al hombre, y como una cosa lleva a la otra, y las otras son siempre consecuencia de las secuencias que alguna mente siga buscando hallar respuestas sin sentido, me culpe a mi mismo.

Por fin me sentí volar al poder postrar mi propia existencia a la misma que se encontraba de pie mientras era pisoteada otra vez por esta misma, siguiendo como reflejada en el espejo de un espejo, que es a su vez otro reflejo hasta que la vista, mas no la conciencia, haga notar. Incluso mi propia analogía detesté, nada podía calmar mi sed de omnipotencia, sed de arrogancia que se encumbraba sobre nubes irreales e inconsistentes, que solo lloraban sepultando en tumbas transparentes del agua que salía de estas a los muertos, que no eran mas que yo, olvidados por mi mismo.

Pero por más alto que el hombre vuele poniéndose sobre su propia y mundana existencia, no se acerca un paso al cielo. Dado que cada paso que podemos dar es hacia adelante, donde nos encontramos nuevamente con nosotros, y no hacia arriba, donde se encuentra esa enorme bóveda celeste, ese sueño vestido de blanco para esconder al sol y los astros, y vestido de celeste o el profundo y denso azul de la noche, para dejarnos ver lo que mas lejos de él no podemos tocar.

Así terminé por arrodillarme al cadáver frío de mi propia vida, de la cual hace breves instantes festejaba por tenerla a mis pies. Me encontraba arrodillado ante un espejo, ante el mero reflejo de que lo que escribí pudiese ser de alguna forma lo que quizás quise encontrar, sabiendo que no es el cielo, sabiendo también que puede ser no mas que otro reflejo, pero la mera idea, el mísero sueño de que sea algo mas que eso, de que el cuerpo dejado atrás y plasmado en burdas e incoherentes palabras se vuelva tierra, y que con el tiempo se amontone formando montañas, y luego largas escaleras, vistosas escalas que me conduzcan al cielo, que me eleven de este mar, y me dejen alcanzar aquellos astros, que son con los que sueña quien yo sueño.

El mas grande dolor

El dolor intrínseco de la misma existencia,
Presente a cada paso, cada respiro,
Quebrantando sonrisas, suspiros,
La muerte acechando cada conciencia.

Ni la traición de promesas sin palabras,
Cuando aquellos amigos del alma,
Ante hechos que la palabra no calma,
El colapso de lo que en una vida labras.

Ni la muerte que se sufre y no se teme,
Que cala hondo vivir con ella,
Pues la propia muerte solo destella,
Pero la de otro es al corazón a quien apreme.

Ni la soledad de fingir una vida a la realidad,
De no poder mostrar una sonrisa,
Ajena de lágrimas que la remisa,
Y saber que en el hoy es mentira la verdad.

Ni la desolación de ser desamparado,
No del dinero si no de la fortuna,
No mundana sino de la humana,
De que al amigo no veamos día a día reflejado.

Ni el infortunio de ser de la fortuna olvidado,
De solo pisar siempre agujeros,
Y escalones siempre pasajeros,
De nunca ni haber sacado un 6 en un dado.

Es el dolor puro, mayor que la muerte,
Peor que el infortunio o que fingir,
Donde soledad solo es un subvenir,
Es cuando aquel de un engaño despierte.

Porque si una vida entera es mentira,
Si por aquello que quisimos morir,
Aquellos a quienes creímos sentir,
Si desaparecieran uno ya nada sería.

Ya la muerte sería efímera al paso,
El tiempo solo dolor derrochado,
Los amores no mas que pasado,
Que junto al futuro serían solo un nublado ocaso.

martes, 23 de febrero de 2010

Incendio

Para quien lo encuentre esto escribo,
Para quien igual que yo perdido,
No termine como yo consumido,
En este lugar que como mi tumba percibo.

Yo estaba bastante lejos, dormido,
Cuando comienza un humo asfixiante,
Y como en un mal sueño de algún delirante,
Una fuerte briza aviva el fuego encendido.

Huir corriendo fue lo único ocurrido,
Mientras el camino era por brasas abrazado,
Y el humo tenía todo mi cuerpo diezmado,
Y a cada brisa mi tiempo veía disminuido.

Corrí veloz por el bosque encendido,
Este bosque hecho de drogas y toxinas,
Que rápidamente se vuelve brasas asesinas,
Junto con el fuego que crece con cada brisa.

Mi osada carrera culmina estrepitantemente,
Aquí donde escribo mientras me calcino lentamente,
Sufriendo plasmo mi largo lamento tristemente,
Muero aquí solo pero él lo hace voluntariamente.

lunes, 22 de febrero de 2010

Rescatado del océano

Frías brisas soplan fuerte,
Sobre entidades humanas inertes,
Y omnipotente sobre ellos la muerte,
Se alza con sus alas negras hermosas.

Y así, de brillos negras el suelo rebosa,
Y los fuertes vientos su sonrisa esboza,
Sobre muertos levantándose en una imagen escabrosa,
Cuando la muerte sobre una roca canta.

Mientras yo escondido ya nada me espanta,
Cuestionándome sobre dioses, santos y santas.
Alguien por la espalada me cubre con una manta,
Y el pálido sol del atardecer escapa de mi vista.

Cuando vuelvo a ver la muerte esta lista,
Sobre cadáveres yo flotaba, ausente de toda pista,
Los indicios no aparecen no importa cuánto insista,
Mi futuro como lo viera era incierto.

Y aunque sueño parezca yo no despierto,
Escapar me es imposible, por más que esfuerzo invierto,
El miedo me invade cuando por las alas soy cubierto,
Un grito al cielo lanzo sin obtener lo que espero.

Entonces de los cadáveres por fin me libero,
Mientras soy elevado por los aires despertar persevero,
Pero soy devorado por quien me tiene prisionero,
Y dentro de su estomago soy llevado lejos, muy lejos.

sábado, 20 de febrero de 2010

Océanos

Cuando la conciencia está perdida
En los más profundos océanos imbuida,
Océanos de los más diversos colores,
Azules, rojos, negros, verdes y olivas.

De los azules bien los conocemos,
Cuando al horizonte cielo y mar vemos,
Y que sabiendo que los colores son solo reflejos
Los sentimos reales mientras eso no pensemos.

Los de verde son cada vez más escasos,
Pero en estas palabras les hago repaso,
Cuando entre los bosques me encuentro soñando,
Mientras el cuerpo solo cemento da sus pasos.

El negro es de todos parte y profundo,
Son las sombras, la noche, la duda del mundo,
Lo que se esconde bajo océanos y bosques,
Y negarlo sería el error más rotundo.

Y los de olivas, color extraño y singular,
Sus océanos son parte solo del soñar,
Irreal como los sueños o ideales,
Más brilla imponente como si fuese real.