Porque muchas veces me levanto,
Y otras veces me siento y escribo,
Otras veces las palabras esgrimo,
Y me aburro de tanto en tanto.
Así cuanto el tedio es fuerte,
Cuando mi gloria fácil ha sido,
Cuando el futuro se ve simple y aburrido,
A veces pienso que caigo inerte.
Pero no es el cuerpo lo que muere,
Sino un alma sedienta de desafíos,
Que sin importarle armarse de enemigos,
Despoja de su trono a la muerte.
Y como un dios impío se alza,
Entre miles de ángeles de alas mansas,
Entre miles de ingenuos caminando de espaldas,
Entre miles de almas vacías de esperanzas.
Y como si fuera poco ella se levanta,
Mira con desprecio y un grito lanza,
Dice “muéranse basuras cascaras rascas”
“no soy como ustedes almas insanas”.
Pero se vuelve a sentar, aburrida,
Nadie responde a ninguna palabra,
Sin importar lo macabra,
Sin importa lo demoniaca sea su movida.
Así piensa que muchas veces se levanta,
Que muchas otras se sientan y escribe,
Que muchas otras palabras esgrime,
Y se aburre de morir sola condenada.
lunes, 22 de noviembre de 2010
lunes, 15 de noviembre de 2010
Frente a un espejo roto
Mientras miro aquel espejo roto,
Donde veo decenas de otros,
Que siendo yo no me reconozco,
Que me miran con expresiones que desconozco.
Así yo con ellos converso,
Me hablan en canciones y yo respondo en versos,
Algunos creen en dios y otros en algo más perverso,
Y a pesar de ello nos entendemos.
La conversación se vuelve densa,
Algunos proclaman la ciencia y otros ni piensan,
Algunos quieren vivir y otros solo observan,
Algunos sonríen y otros la muerte anhelan.
Todos ellos quieren hablar por mi lengua,
Todos luchan en esa guerra sin tregua,
En esta masacre que nunca mengua,
Sin hacer favores y nunca quedar en deuda.
Pero inevitable es seguir hacia adelante,
Y dar la espalda a discusiones y debates,
Porque el tiempo avanza y el corazón late,
Sin esperar respuestas de pensadores agonizantes.
Donde veo decenas de otros,
Que siendo yo no me reconozco,
Que me miran con expresiones que desconozco.
Así yo con ellos converso,
Me hablan en canciones y yo respondo en versos,
Algunos creen en dios y otros en algo más perverso,
Y a pesar de ello nos entendemos.
La conversación se vuelve densa,
Algunos proclaman la ciencia y otros ni piensan,
Algunos quieren vivir y otros solo observan,
Algunos sonríen y otros la muerte anhelan.
Todos ellos quieren hablar por mi lengua,
Todos luchan en esa guerra sin tregua,
En esta masacre que nunca mengua,
Sin hacer favores y nunca quedar en deuda.
Pero inevitable es seguir hacia adelante,
Y dar la espalda a discusiones y debates,
Porque el tiempo avanza y el corazón late,
Sin esperar respuestas de pensadores agonizantes.
sábado, 16 de octubre de 2010
Aquellos viejos
Aquellos que le han llorado toda una vida al tiempo,
Hoy miran hacia atrás, y miran lejos,
Hoy miran hacia atrás, buscando el futuro que perdieron.
Hoy miran hacia atrás, y miran lejos,
Hoy miran hacia atrás, buscando el futuro que perdieron.
jueves, 7 de octubre de 2010
Indigentes
Miles son aquellos,
Que solo llamamos por ellos,
Que no son bellos,
Que la gente ve como un vello
Del culo y les molesta,
Buena es la muerte por que resta,
Indigentes que nadie les presta,
Ni una sonrisa modesta.
Pasan desapercibidos,
Entre la gente perdidos,
Caminan y se sientan deprimidos,
Pues solo saben de despidos,
Pues nunca han recibido un saludo,
Nunca preguntado ¿te ayudo?
Y ellos como mudos,
Piden migajas a sordos y tozudos.
Y a su muerte de esta forma va
Cada indigente sin poder la vuelta dar
Pues aquellos que tienen un hogar,
Que tienen con que avanzar,
Se hacen los tontos mirando a otro lado,
Dando la espalda cuando si en su estado,
Si en su misma condición hubiese quedado,
Un saludo y un abraso le hubiera dado.
Que solo llamamos por ellos,
Que no son bellos,
Que la gente ve como un vello
Del culo y les molesta,
Buena es la muerte por que resta,
Indigentes que nadie les presta,
Ni una sonrisa modesta.
Pasan desapercibidos,
Entre la gente perdidos,
Caminan y se sientan deprimidos,
Pues solo saben de despidos,
Pues nunca han recibido un saludo,
Nunca preguntado ¿te ayudo?
Y ellos como mudos,
Piden migajas a sordos y tozudos.
Y a su muerte de esta forma va
Cada indigente sin poder la vuelta dar
Pues aquellos que tienen un hogar,
Que tienen con que avanzar,
Se hacen los tontos mirando a otro lado,
Dando la espalda cuando si en su estado,
Si en su misma condición hubiese quedado,
Un saludo y un abraso le hubiera dado.
jueves, 23 de septiembre de 2010
Intranquilidad
Cuando mi mente perturbada,
Que de ideas borbotadas,
Se me olvida hasta lo que hice ayer,
Y no pienso en el mañana ni perecer,
Ni crecer,
Ni mecer, cual ambición,
Que buscando paz hago canción,
Y las monto en un avión,
Aquellas ideas sin sentido, sin nación,
Sin razón,
Pero igual celebran mientras las destierran,
Mientras desahuciadas de mi cabeza,
Su fuerza no cesa,
El recuerdo pesa,
Y el pensar se vuelve laxo,
Se vuelve presa,
De la desesperación,
Del miedo,
Y el corazón,
Del tiempo y su extensa narración,
De la política y su eterna discusión,
Pero termino riendo por mí mismo,
Pues no importa cuantas frases escriba,
A cuantas ideas les quite la vida,
Porque calmarme no puedo,
Y donde empiezo es donde quedo,
Donde muero,
Donde mi cabeza toca suelo,
Mi cuerpo parece hielo,
Y el mundo bello,
El mismo mundo ciego,
Lento, simple y descontento,
Ese mundo que puedo olvidarle un segundo,
Una noche, mientras duermo profundo.
Que de ideas borbotadas,
Se me olvida hasta lo que hice ayer,
Y no pienso en el mañana ni perecer,
Ni crecer,
Ni mecer, cual ambición,
Que buscando paz hago canción,
Y las monto en un avión,
Aquellas ideas sin sentido, sin nación,
Sin razón,
Pero igual celebran mientras las destierran,
Mientras desahuciadas de mi cabeza,
Su fuerza no cesa,
El recuerdo pesa,
Y el pensar se vuelve laxo,
Se vuelve presa,
De la desesperación,
Del miedo,
Y el corazón,
Del tiempo y su extensa narración,
De la política y su eterna discusión,
Pero termino riendo por mí mismo,
Pues no importa cuantas frases escriba,
A cuantas ideas les quite la vida,
Porque calmarme no puedo,
Y donde empiezo es donde quedo,
Donde muero,
Donde mi cabeza toca suelo,
Mi cuerpo parece hielo,
Y el mundo bello,
El mismo mundo ciego,
Lento, simple y descontento,
Ese mundo que puedo olvidarle un segundo,
Una noche, mientras duermo profundo.
lunes, 20 de septiembre de 2010
La tortura de no llorar
A veces miro inquieto,
El cielo o en su defecto
El techo viejo y reseco,
Cuando empiezo un monólogo.
Y las palabras que no digo,
Aun cuando yo las percibo,
Golpean fuerte a cada latido,
Pidiendo que mis ojos las proclamen.
Pero mueren ambos mudos,
Y en la respiración hago un nudo,
Lamentando a cada segundo,
No poder llorar por lo vivido.
Y tal es el infame tormento,
Que a la muerte miro contento,
Que de solo recordarla un momento,
Recuerdos renacen todas las heridas.
Pero sigo aquí sentado,
Viendo un gris retrato,
Con un idiota sentado a mi lado,
De nombre vida y apellido muerte.
Pero sigo aquí escribiendo,
Tan solo sonriendo,
Mintiendo cuando estoy muriendo,
De una lágrima no haber derramado.
El cielo o en su defecto
El techo viejo y reseco,
Cuando empiezo un monólogo.
Y las palabras que no digo,
Aun cuando yo las percibo,
Golpean fuerte a cada latido,
Pidiendo que mis ojos las proclamen.
Pero mueren ambos mudos,
Y en la respiración hago un nudo,
Lamentando a cada segundo,
No poder llorar por lo vivido.
Y tal es el infame tormento,
Que a la muerte miro contento,
Que de solo recordarla un momento,
Recuerdos renacen todas las heridas.
Pero sigo aquí sentado,
Viendo un gris retrato,
Con un idiota sentado a mi lado,
De nombre vida y apellido muerte.
Pero sigo aquí escribiendo,
Tan solo sonriendo,
Mintiendo cuando estoy muriendo,
De una lágrima no haber derramado.
jueves, 16 de septiembre de 2010
Odio
Porque existen palabras hermosas,
Que describen aquellas cosas,
Que nos unen a todos,
Que nos remecen cuando estamos solos.
Pero tan cruel es decirlo,
Que no hacemos más que omitirlo,
Y ocultamos aquello de otros,
Que nadie vea nuestros rostros.
Pero que ingratos somos,
Cuando leo grabados en tomos,
Discursos a los que alzan las manos,
Quienes después condenan mi relato.
Así a la solitaria palabra,
Que de injusta vida se labra,
Porque todos conocemos el dolor,
Quien no haya sentido odio diga yo.
Y cuanto más indago y pregunto,
Más siento que no puedo poner punto,
Pues a cada pregunta él se muestra,
Como si él mismo respondiera mi encuesta.
Y ante el efímero vacío de mi simple pregunta,
La planto en aquel de mente astuta,
De cual respuesta digna se alce,
Y me diga yo no odio, y respondo porque me place.
Que describen aquellas cosas,
Que nos unen a todos,
Que nos remecen cuando estamos solos.
Pero tan cruel es decirlo,
Que no hacemos más que omitirlo,
Y ocultamos aquello de otros,
Que nadie vea nuestros rostros.
Pero que ingratos somos,
Cuando leo grabados en tomos,
Discursos a los que alzan las manos,
Quienes después condenan mi relato.
Así a la solitaria palabra,
Que de injusta vida se labra,
Porque todos conocemos el dolor,
Quien no haya sentido odio diga yo.
Y cuanto más indago y pregunto,
Más siento que no puedo poner punto,
Pues a cada pregunta él se muestra,
Como si él mismo respondiera mi encuesta.
Y ante el efímero vacío de mi simple pregunta,
La planto en aquel de mente astuta,
De cual respuesta digna se alce,
Y me diga yo no odio, y respondo porque me place.
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