Tiernos acordes de una guitarra resuenan en mi oído mientras reflexiono sobre el tiempo que ha pasado, las incontables noches, las erráticas lunas y los siempre imponentes soles que anuncian el término de las oscuras y frías noches de cada uno de los cientos de inviernos que he vivido. Mas no son nada con las infinitas lagrimas ya derramadas por los amigos que se han ido, que no has compartido con migo esta agonía, que han muerto ante el pasar del tiempo. Con el tiempo he ido aprendiendo a calmar el desahogo de mi libido, así como el de la amistad y la soledad, pero siento continuamente el vacio del irrevocable calvario que es no dejar de respirar.
Ya llevo 194 intentos de suicido, que lo fueron hasta como la mitad, cuando me resigne y se volvió solo un mórbido placer para matar el ocio que ocupa mi mente gran parte del día. También he recorrido gran parte del mundo, dado que mi invariable apariencia se vuelve sospechosa al no mostrar el dolor de la edad. Otra cosa que me hace olvidar al odioso girar de este planeta es la lectura, no sabría resumirte, siquiera contarte dado el solo recordar es indagar por un océano, que de no tener cuidado, a la menor distracción me puedo ahogar, y tardar días en volver a respirar de la experiencia de este mundo, me ha pasado varias veces, y de hecho, aunque suene algo demente, disfruto perder la conciencia de que ya el día es negro, o que la noche se vuelve a pintar de vivos colores.
viernes, 15 de enero de 2010
lunes, 11 de enero de 2010
Salgan a un mundo
Porque aquí sentado me decidí,
Escuchando palabras de mudas canciones,
De someras situaciones,
Y verdaderas emociones.
Así esas palabras me motivaron,
Y escribirte fue necesario,
A todos ustedes que leen a diario,
Y que no creen aquello en el diario.
Y me es necesario decirles,
Que aquello que ahora pido,
Es quizás ser demasiado engreído,
Pero lo prefiero que dejarlo al olvido.
Lo primero es que vean al día,
Porque los libros que hablan de su belleza,
Ni el mejor escritor con su destreza,
Alcanza siquiera a tocar su grandeza.
Lo segundo es que abran sus ventanas,
Porque afuera juega el viento,
Invisible él vuela, no miento,
Y como prueba las hojas que vuelan de momento.
Lo tercero es que te apartes de mis palabras,
Y que vivas el mundo fuera de las letras,
Que sientas la calidez de los astros,
Y el frio de una brisa que tu pelo enreda.
Lo cuarto es que vivas,
Y por más amplio que esto parezca,
Implica actuar y hacer más que leer,
Más que siquiera creer
Más que incluso el solo soñar,
Es darle a esta vida algo que legar.
Y no se crean exentos de culpa,
Aquellos que el libro deja a un lado,
Que el arte quien no pide disculpa,
No es la realidad sino un legado,
Es aquello que de un hombre crece,
Pero que al alejarse del perece.
Escuchando palabras de mudas canciones,
De someras situaciones,
Y verdaderas emociones.
Así esas palabras me motivaron,
Y escribirte fue necesario,
A todos ustedes que leen a diario,
Y que no creen aquello en el diario.
Y me es necesario decirles,
Que aquello que ahora pido,
Es quizás ser demasiado engreído,
Pero lo prefiero que dejarlo al olvido.
Lo primero es que vean al día,
Porque los libros que hablan de su belleza,
Ni el mejor escritor con su destreza,
Alcanza siquiera a tocar su grandeza.
Lo segundo es que abran sus ventanas,
Porque afuera juega el viento,
Invisible él vuela, no miento,
Y como prueba las hojas que vuelan de momento.
Lo tercero es que te apartes de mis palabras,
Y que vivas el mundo fuera de las letras,
Que sientas la calidez de los astros,
Y el frio de una brisa que tu pelo enreda.
Lo cuarto es que vivas,
Y por más amplio que esto parezca,
Implica actuar y hacer más que leer,
Más que siquiera creer
Más que incluso el solo soñar,
Es darle a esta vida algo que legar.
Y no se crean exentos de culpa,
Aquellos que el libro deja a un lado,
Que el arte quien no pide disculpa,
No es la realidad sino un legado,
Es aquello que de un hombre crece,
Pero que al alejarse del perece.
lunes, 4 de enero de 2010
El Fantasma
Que horrible es esa existencia,
De una criatura, un ser inmaterial,
Sin nada que escribir en su memorial,
Sin ser nadie ni antes de la sentencia.
Que aun con vida está muerto,
Quien ni por un nombre pronunciado,
Invisible en este largo y tedioso concierto,
Un ser que nadie en la sociedad ha notado.
Qué triste es ese caminar solitario,
Donde ni la oscuridad te abre los brazos,
Y el día es como noche en tu calvario,
Y se borran incluso tus empeñosos trazos.
Qué duro debe ser ser un fantasma,
Que hasta la luz a tu cuerpo ignora,
Que tu voz ni al silencio pasma,
Que tu existencia nadie corrobora.
Que incluso a la eternidad estés condenado,
Y quizás incluso a una piedra o lugar encadenado,
Incapaz de abandonar tu dolor, de morir,
Si ese es un futuro no quiero siquiera existir.
De una criatura, un ser inmaterial,
Sin nada que escribir en su memorial,
Sin ser nadie ni antes de la sentencia.
Que aun con vida está muerto,
Quien ni por un nombre pronunciado,
Invisible en este largo y tedioso concierto,
Un ser que nadie en la sociedad ha notado.
Qué triste es ese caminar solitario,
Donde ni la oscuridad te abre los brazos,
Y el día es como noche en tu calvario,
Y se borran incluso tus empeñosos trazos.
Qué duro debe ser ser un fantasma,
Que hasta la luz a tu cuerpo ignora,
Que tu voz ni al silencio pasma,
Que tu existencia nadie corrobora.
Que incluso a la eternidad estés condenado,
Y quizás incluso a una piedra o lugar encadenado,
Incapaz de abandonar tu dolor, de morir,
Si ese es un futuro no quiero siquiera existir.
martes, 29 de diciembre de 2009
El cielo
Cabalguemos sobre las nubes lejanas,
Tan lejanas flotando en un inalcanzable cielo,
En un ensangrentado cielo,
A donde la brisa que sopla es hielo.
Pero no le tengo miedo,
Y aun cuando solo mis palabras vuelan,
Y alcanzan a ver tras mi techo,
Yo mis sueños no desecho,
Y escalo a cada árbol al paso,
Y aprendo que la distancia estrecho,
Resultados cosecho,
Pero miro al suelo y sigo a él pegado,
No veo a bajo mis pies mi legado,
Y me siento profundamente helado,
Devastado,
De la vida descartado,
Y mis deseos enterrados,
Y cuestiono el ser bueno o malvado,
Ya que mi camino no está marcado,
Que la moral que construía mi escalera,
No era más que cables a la tierra atados,
Y mantenían a los cuerpos cortados,
Amputados de las grandes alas de la gloria,
De conseguir nuestras propias victorias,
De dejar de ser escoria,
De poder volar ante un cielo que de euforia,
De logro él es imagen expiatoria,
Sonido ensordecedor a un alma impaciente,
Que ya abatida por la brisa no siente,
La brisa que siempre creciente,
Que siempre trae sonidos que mienten,
Que borra todas las expresiones
A aquellos que miran la vida sonrientes,
Pero revelo aquello que por lo que escribo,
Y es que ese cielo al cual siempre pido,
A cada paso que por este camino sigo,
No subo escaleras ni pinos,
Sino que es a la misma tierra,
A quien arrastro conmigo,
Pero incluso sin que nos demos cuenta,
El cielo baja cada día un poquito,
Y si tan solo es que creo en eso,
Me basta para no dejar mi sueño,
Y seguir escribiendo versos,
Que si bien son solo palabras,
Y que nunca serán más que reflejos,
Aspiro por un cambio,
Por hacer que pienses en ello.
Tan lejanas flotando en un inalcanzable cielo,
En un ensangrentado cielo,
A donde la brisa que sopla es hielo.
Pero no le tengo miedo,
Y aun cuando solo mis palabras vuelan,
Y alcanzan a ver tras mi techo,
Yo mis sueños no desecho,
Y escalo a cada árbol al paso,
Y aprendo que la distancia estrecho,
Resultados cosecho,
Pero miro al suelo y sigo a él pegado,
No veo a bajo mis pies mi legado,
Y me siento profundamente helado,
Devastado,
De la vida descartado,
Y mis deseos enterrados,
Y cuestiono el ser bueno o malvado,
Ya que mi camino no está marcado,
Que la moral que construía mi escalera,
No era más que cables a la tierra atados,
Y mantenían a los cuerpos cortados,
Amputados de las grandes alas de la gloria,
De conseguir nuestras propias victorias,
De dejar de ser escoria,
De poder volar ante un cielo que de euforia,
De logro él es imagen expiatoria,
Sonido ensordecedor a un alma impaciente,
Que ya abatida por la brisa no siente,
La brisa que siempre creciente,
Que siempre trae sonidos que mienten,
Que borra todas las expresiones
A aquellos que miran la vida sonrientes,
Pero revelo aquello que por lo que escribo,
Y es que ese cielo al cual siempre pido,
A cada paso que por este camino sigo,
No subo escaleras ni pinos,
Sino que es a la misma tierra,
A quien arrastro conmigo,
Pero incluso sin que nos demos cuenta,
El cielo baja cada día un poquito,
Y si tan solo es que creo en eso,
Me basta para no dejar mi sueño,
Y seguir escribiendo versos,
Que si bien son solo palabras,
Y que nunca serán más que reflejos,
Aspiro por un cambio,
Por hacer que pienses en ello.
lunes, 14 de diciembre de 2009
Intento de abandonar esto
Desesperado reclama mi mente oscuros sentimientos,
Demonios que perturban al tiempo,
Que perturban a quien rompe este hielo,
Gélido de la sin razón que sostiene estos cimientos.
Y más reniego de aquellas ideas que retuercen mi alma,
Que torturan con la implacable brisa muerta,
Que ahora carece de libertad y esta tuerta,
Que mira sin mirar lo que separa nuestras palmas.
Y es tal que a cada verso mentir se hace necesario,
Dado que de tanto en tanto a la vida vuelven ambiciones,
Que son barcas vagando entre mares y naciones,
Mares de desilusión y naciones como calvarios.
Pero prefiero sufrir asesinando tu recuerdo en estas líneas,
Antes de morir ahogado por la intemperancia de los hechos,
Que de solo pensarlos caigo en un agónico llanto desecho,
Y las dudas carcomen descorazonadas la voluntad espínea.
Mas ahora me siento perdido mientras caigo al vacío,
Empujado de la cornisa por tus anheladas manos,
Y cautivado por tus palabras que escucho en vano,
Y mi mundo queda de un denso negro sumido.
Mas en la oscuridad aun palpo claro el frío,
Ver tu nombre una y otra vez delineado en blanco,
Contrastando con mi lógica desamparada en aquel banco,
Donde espera que todo pase mientras escribo.
Y tanto es el frio que me remece el cuerpo entero,
El cual quiere solo gritar o a tu sola esencia abrazar,
En una miserable contradicción de amar o matar,
a quien evoca mi profundo sufrimiento mas la espero.
Más sigo pensando que esto no es más que un sueño,
Que puedo dormir sin que aparezcas en medio,
Que puedo volver a deambular solo ese estrecho camino,
Sin morir a cada paso donde por ti la vida empeño.
Demonios que perturban al tiempo,
Que perturban a quien rompe este hielo,
Gélido de la sin razón que sostiene estos cimientos.
Y más reniego de aquellas ideas que retuercen mi alma,
Que torturan con la implacable brisa muerta,
Que ahora carece de libertad y esta tuerta,
Que mira sin mirar lo que separa nuestras palmas.
Y es tal que a cada verso mentir se hace necesario,
Dado que de tanto en tanto a la vida vuelven ambiciones,
Que son barcas vagando entre mares y naciones,
Mares de desilusión y naciones como calvarios.
Pero prefiero sufrir asesinando tu recuerdo en estas líneas,
Antes de morir ahogado por la intemperancia de los hechos,
Que de solo pensarlos caigo en un agónico llanto desecho,
Y las dudas carcomen descorazonadas la voluntad espínea.
Mas ahora me siento perdido mientras caigo al vacío,
Empujado de la cornisa por tus anheladas manos,
Y cautivado por tus palabras que escucho en vano,
Y mi mundo queda de un denso negro sumido.
Mas en la oscuridad aun palpo claro el frío,
Ver tu nombre una y otra vez delineado en blanco,
Contrastando con mi lógica desamparada en aquel banco,
Donde espera que todo pase mientras escribo.
Y tanto es el frio que me remece el cuerpo entero,
El cual quiere solo gritar o a tu sola esencia abrazar,
En una miserable contradicción de amar o matar,
a quien evoca mi profundo sufrimiento mas la espero.
Más sigo pensando que esto no es más que un sueño,
Que puedo dormir sin que aparezcas en medio,
Que puedo volver a deambular solo ese estrecho camino,
Sin morir a cada paso donde por ti la vida empeño.
domingo, 13 de diciembre de 2009
Para quien duerme a mi lado
Al verte de tranquilidad infundida,
Profundamente dormida,
Me siento plenamente alegre,
De verte a mi lado por el sueño sumida.
Cual solo tu voz llena cual espacio,
Cual sin paro si más despacio,
Pasa con frases que bien no recuerdo,
Y de tu cariño más que nada lacio.
Y tanto que mis sentimientos se revelan,
Que me tienen noches en vela,
Cuando tu rostro somnoliento observo,
Y mis labios besar los tuyos esperan.
Pero tu sola conciencia prevalece,
La mera idea de que no perece,
Las acciones que dormida cometes,
Los deseos que bien proyecto pero no ejercen.
Aun así feliz me siento,
Verte acostada en un sofá a mi lado quieto,
Y saber que en la mañana verte es cierto,
Que escuchar tu voz de nuevo cuando despierto,
Aun cuando más no tengo lo que siempre pienso.
Profundamente dormida,
Me siento plenamente alegre,
De verte a mi lado por el sueño sumida.
Cual solo tu voz llena cual espacio,
Cual sin paro si más despacio,
Pasa con frases que bien no recuerdo,
Y de tu cariño más que nada lacio.
Y tanto que mis sentimientos se revelan,
Que me tienen noches en vela,
Cuando tu rostro somnoliento observo,
Y mis labios besar los tuyos esperan.
Pero tu sola conciencia prevalece,
La mera idea de que no perece,
Las acciones que dormida cometes,
Los deseos que bien proyecto pero no ejercen.
Aun así feliz me siento,
Verte acostada en un sofá a mi lado quieto,
Y saber que en la mañana verte es cierto,
Que escuchar tu voz de nuevo cuando despierto,
Aun cuando más no tengo lo que siempre pienso.
viernes, 11 de diciembre de 2009
Solo en el silencio
En oscuras noches,
Donde hasta un suave murmullo es un grito,
Y la bulla lejana estruendo en mi oído,
Intentar conciliar el sueño es un derroche.
Ya sean los ladridos de las fieras
Que sometidas afuera tengo,
Ya sea el crujir de madejsa viejas
O silbidos al pasar entre rendijas el viento,
Me basta alzar la voz un segundo,
Y proclamar con voz ronca mi deseo,
Gritar fuerte SILENCIO al menos,
Para dejar al tiempo bajo estrellas mudo.
Y es así como tras mi estridente esfuerzo,
Los animales cesan su parloteo,
Y mis oídos que aun retumban del estruendo,
Escuchan placenteros estos versos.
Empujados por un alma abatida,
Y forzados por una vida oprimida.
Descargo en este último verso escrito,
La soledad que en el silencio vivo.
Donde hasta un suave murmullo es un grito,
Y la bulla lejana estruendo en mi oído,
Intentar conciliar el sueño es un derroche.
Ya sean los ladridos de las fieras
Que sometidas afuera tengo,
Ya sea el crujir de madejsa viejas
O silbidos al pasar entre rendijas el viento,
Me basta alzar la voz un segundo,
Y proclamar con voz ronca mi deseo,
Gritar fuerte SILENCIO al menos,
Para dejar al tiempo bajo estrellas mudo.
Y es así como tras mi estridente esfuerzo,
Los animales cesan su parloteo,
Y mis oídos que aun retumban del estruendo,
Escuchan placenteros estos versos.
Empujados por un alma abatida,
Y forzados por una vida oprimida.
Descargo en este último verso escrito,
La soledad que en el silencio vivo.
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